
El exilio de los recuerdos
En el exilio de los recuerdos, un hombre se topa con un anciano y un médico surgidos de su propia mente. A medida que su conciencia despierta, emprende un viaje hacia atrás: desde el origen del universo hasta el fin de la vida, debatiendo la existencia, la identidad y la consciencia. Con una mirada naturalista, la película deja de lado la lógica narrativa tradicional para ofrecernos una experiencia visual poética y fluida.
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Diálogos y transcripción
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Así surgió mi primer pensamiento: ¿dónde estoy?
¿Sabe dónde estoy?
Disculpe, ¿puedo preguntar qué hace?
Pero, ¿puedo hacerle una pregunta primero?
Acabo de darme cuenta de que tengo amnesia.
Este es mi exilio. ¿Quién más estaría en mi prisión?
Transcripción completa
Al despertar en el césped, me negué a hundirme en la tierra; sería desvanecerme sin pensarlo.
Así surgió mi primer pensamiento: ¿dónde estoy?
Caminé hasta encontrarme con un anciano.
Disculpe. ¿Sabe dónde estoy? Muchos persiguen coordenadas. Pero olvidan definir quiénes son. Quieres huir de tu entorno, pero no adviertes que tú mismo lo construiste. Persigues una posición, pero nunca has cambiado quién eres realmente. Sería mejor preguntar por qué este lugar ha surgido por mí.
El anciano me resultaba familiar, y me fui con él.
El anciano me llevó a su casa y cayó en un profundo sueño. Había llegado con una sola pregunta. Sin embargo, al agitarse mis pensamientos, se multiplicaron como enredaderas.
Incapaz de quedarme, continué mi camino. Fue entonces cuando me encontré con un doctor junto al río.
Disculpe, ¿puedo preguntar qué hace? Estoy escuchando el latido de este río, listo para recibir su nueva vida. Entonces, ¿dónde está la vida? El mundo le resulta abrumador, y duda en unirse a él. Uno de nuestros deberes como sanadores es escuchar su voluntad antes de nacer. ¿Me ayudarás a animarlo? Con gusto. Pero, ¿puedo hacerle una pregunta primero? Por supuesto, soy doctor. ¿Por qué existes aquí? Es una gran pregunta, pero fundamental. Estoy aquí para escuchar la vida en cualquier forma.
Acércate y siente su pulso.
Acabo de darme cuenta de que tengo amnesia. Así que era mi memoria la que se negaba a nacer. Una ola de tristeza me invadió. Y no pude evitar sollozar. El doctor había desaparecido, reemplazado por un caballo blanco.
Volví a la casa del anciano y tampoco estaba; solo quedaban los troncos ardiendo.
Por fin tiene sentido. El anciano y el doctor eran solo proyecciones de mi mente. Este es mi exilio. ¿Quién más estaría en mi prisión?









